Durante 15 días TODOS los niños argentinos harán homeschooling

Actualizado: jun 6

¿Se imaginan un país entero sin escuela? Con la cuarentena preventiva para evitar que se propague el Covid-19, una sociedad desescolarizada se hizo posible. Todos los que fomentamos la no institucionalización del aprendizaje jamás creímos presenciar una experiencia tan paradisíaca. Pero aquí estamos. Sin escuelas por lo menos durante quince días.


La mayor parte de familias que educamos en el hogar somos habitualmente cuestionadas acerca de cómo hacemos para “enseñarle” a nuestros hijos desde casa, de qué manera manejamos la socialización o cuándo disponemos de tiempo libre sin los niños. No hay respuesta más acertada a todo esto que el hecho de percibirlo por sí mismos.


A pesar de que la situación actual se asemeja más a una “escolarización en casa” que un “aprendizaje sin escuela”, intentaré transmitir lo que significa realmente educar en el seno familiar para que todos puedan experimentarlo durante este tiempo limitado, vincularse de otra manera con sus hijos y vivir una aventura educativa enriquecedora.


En primer lugar, aprender en casa no quiere decir estar sentados haciendo ejercicios la mayor parte del tiempo (frustrándonos con la negativa infantil que se rebela ante una instrucción dirigida por sus propios padres). Tampoco implica colocarlos frente a una pantalla a mirar una programación adaptada a los contenidos escolares, ni a participar en plataformas interactivas y didácticas con tareas disfrazadas de juegos que dicen ser pedagógicos.


Un niño NECESITA moverse. Ejercitar su cuerpo físico para desarrollarse sanamente, encontrarse con sus propios límites y descubrir sus posibilidades. Si no puede descargar su energía, la canalizará por otro lado (siendo más agresivo con sus hermanos o compañeros, haciendo rabietas, corriendo o gritando por toda la casa). Por lo tanto, recomiendo a todo adulto facilitar el ejercicio dejando a los pequeños jugar al aire libre, trepar, saltar, andar en bicicleta (recordemos que los virus se propagan en lugares cerrados y sin ventilación, por lo tanto resulta muchas veces más preventivo pasar tiempo en espacios abiertos). Si esto no es posible, organizar juegos activos dentro de casa. Bailar, saltar sobre un colchón en el piso, tocar algún instrumento, practicar yoga o algún arte marcial. Cualquier idea es bienvenida cuando se trata de encauzar sanamente la energía.


En segundo lugar, y creo yo que es lo más importante a interiorizar, el ser humano (y más aún un niño) APRENDE de la experiencia. Inútil es practicar cuentas si no se está seguro en dónde aplicarlas, responder preguntas sobre comprensión de textos regurgitando la palabra ajena en lugar de expresar la propia y sacar sus conclusiones, ver videos de ciencias en vez de permitir al niño explorar y descubrir los principios por su cuenta, leer un manual de historia requiriendo que memorice datos y fechas en una época donde la información se encuentra al alcance de la mano. No confundamos Aprendizaje con Enseñanza!

Aprender significa vincularse con el mundo REAL. La escuela ofrece actividades alejadas de la cotidianeidad, justamente porque está limitada por su carácter institucional. Sin embargo, tenemos la posibilidad de brindarle al niño por este corto periodo de tiempo una educación viva, donde no existen asignaturas aisladas y todo se vincula con su aplicación verdadera.


¿Por qué no cocinamos juntos? Y de paso aprendemos a pesar cantidades, a leer una receta y a transcribirla. ¿Por qué no incluir a los chicos en las compras diarias? Manipulando dinero, ejercitando el sistema posicional decimal y las cuatro operaciones básicas, además de conversar sobre del desabastecimiento, los aumentos de precio o los impuestos. ¿Contamos el dinero que tener ahorrado? ¿Jugamos al “juego de la vida”? ¿Y a las cartas, al ajedrez o algún otro de ingenio?


Destinemos una hora a leer en familia un libro de calidad literaria, con un vocabulario vasto y rico. “Mi planta naranja lima”, “Platero y yo”, “La isla del tesoro”… fomentemos los debates, las conversaciones, el pensamiento crítico e independiente de cada uno sin juzgar.



Permitamos que se aburran, que generen sus propios juegos libremente. No hay nada que desarrolle más la creatividad que la propia necesidad de divertirse. Elaboremos juntos un muñeco de tela, construyamos una maqueta del barrio…


Estemos presentes para solucionar posibles conflictos, frustraciones y enojos. Intentemos controlar las emociones, expresarlas, escribirlas, pintarlas… ¿Acaso no es parte de la socialización disponer de las herramientas necesarias para hacer frente a los problemas? ¿No es el ejercicio de la ciudadanía tan importante como conocer las tablas de memoria? Porque si es así, formar a una persona en la democracia implica transmitir los derechos de cada individuo, incentivar el diálogo en lugar de la violencia, tener muy en claro cuáles son nuestras responsabilidades y deberes para construir una sociedad mejor en las futuras generaciones.


Pero eso no sólo se logra sentando al niño frente a una pantalla. Se obtiene contactándonos con él, mirándolo, escuchándolo, participando de su mundo interior y no siendo indiferentes, ignorándolo o aislándolo para poder nosotros realizar nuestras tareas en paz. Si le damos esa cuota de atención y presencia él sólo posteriormente se recluirá en su juego permitiéndonos tener nuestro tan cotizado tiempo libre.



Estoy consciente que un mundo desescolarizado no es posible hoy en día, al menos no para la mayor parte de familias argentinas. Sin embargo les propongo intentar por este pequeño lapso de dos semanas, experimentar un aprendizaje real, vivo y enriquecedor. Sentir en carne propia que otro tipo de educación es posible más allá de la escuela (que lleva vigente tan sólo 500 años de esta larga existencia humana).

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