El servicio educativo en época de cuarentena. Resultados de las encuestas realizadas.

Hoy se cumplen los 100 días de cuarentena obligatoria, de aislamiento social preventivo, de interrupción de las clases presenciales de nuestros hijos. Por ello, desde CEC Argentina te traemos los resultados de la encuesta que hemos realizado a las familias bonaerenses respecto al servicio educativo brindando durante este periodo de confinamiento.


La mayor parte de los padres encuestados dice estar, en mayor o menos medida, conforme con esta continuidad pedagógia brindada frente a la pandemia de Covid-19. Sólo el 12,5 % de ellos expresa no estarlo.

Sin embargo a medida que avanzamos con el cuestionario esto se contradice. El 81,3% de los niños se quejan de las actividades propuestas por los docentes, mientras que el 68,8% de los padres admite tener días imposibles, incluso casi el 7% dice estar pasándolo mal.


Con lo cual, ¿realmente se está abordando de forma adecuada esta educación domiciliaria? ¿Educar a un niño implica luchar para que aprenda, a costa de enfrentarse a negativas constantes por parte de ellos mientras nosotros los padres nos sentimos cada vez más agotados y escasos de herramientas?


La justificación de muchas familias es que estamos en un periodo exploratorio, que los maestros no están capacitados o les faltan instrumentos para afrontarlo, que es lo mismo que las autoridades declaran cuando dicen “aún estar aprendiendo”. Quisiera saber si tendríamos el mismo nivel de tolerancia con el sistema de salud, en caso que después de 100 días de experiencia anunciaran que posiblemente existan muchos fallecidos ya que todavía están aprendiendo a tratar la enfermedad.


Pero hay padres que no se callan, y manifiestan abiertamente su disconformidad, diciendo que a los docentes les falta organización y seguimiento, que no se tienen en cuenta las necesidades individuales de cada niño, y que los atosigan con actividades innecesarias en lugar de enfocarse en aquello que es importante.


La principal causa de este descontento radica en que el sistema no se está pudiendo adaptar al entorno hogareño. El ámbito familiar es muy diferente a un aula. Los horarios, los trabajos cotidianos, los vínculos entre padres e hijos son distintos a los de maestro-alumno. Con lo cual esta metodología que se está implementando claramente no funciona.

Sólo al 43% de los niños se les ha solicitado leer un libro, y exclusivamente el 37,5% realiza de forma habitual actividades concretas o proyectos. El resto se limita a completar fichas, cuadernillos y ejercicios de manual que deben entregar al docente para su corrección.

Estamos en una era en la que la información fluye de manera constante a través de las redes, y la prioridad para educar a un niño y enfrentarlo a la realidad económica y laboral futura es desarrollar su pensamiento crítico e independiente, al mismo tiempo que estimular su razonamiento lógico y su creatividad. Sin embargo, en lugar de ello, estamos limitando a nuestros hijos a completar tareas estandarizadas. Esas mismas tareas que cualquier padre puede encontrar fácilmente en diversos sitios webs educativos, considerando que internet se ha transformado en una gran fuente de recursos.


Entonces, ¿Por qué llegamos a pagar una fortuna por un servicio limitado que podemos encontrar gratis online? Más del 80% de los padres encuestados cree que el vínculo con sus pares es uno de los objetivos principales de asistir a la escuela. Sin embargo, el rol de agente socializador claramente no se está pudiendo llevar a cabo en esta época de aislamiento; conjuntamente con el tan preciado tiempo libre que los adultos disponen cuando los niños están fuera de casa. Con lo cual lo único que les queda ahora es el nivel académico. Y lejos de brindar un servicio que compense los otros dos puntos faltantes, quedan expuestas las falencias de la formación intelectual sumadas a la escasa adaptación al entorno hogareño.


Solo el 25% de las familias encuestadas cree que el nivel académico ofrecido equivale al costo mensual que abonan a los establecimientos. Sin embargo se nos obliga a permanecer dentro de dicho sistema, alegando que los costos institucionales continúan siendo los mismos, incluso amenazando con las vacantes y matrículas del año entrante.

Si llevamos este mismo escenario a cualquier otro rubro sencillamente las personas dejarían de adquirir dicho producto o servicio. ¿Por qué razón habría de pagar algo que no satisface mi necesidad o la de mis hijos? ¿Qué pensaríamos si al cambiar de marca las empresas en lugar de incrementar su calidad e intentar convencernos de su excelencia, nos amenazaran para que no dejemos de consumirlas?


Estamos condenados a un monopolio educativo, en el cual a pesar de sus múltiples opciones institucionales todas dependen de un mismo productor. Y con la excusa del derecho a la educación nos atan a él. Sin embargo no sólo se está vulnerando este derecho al proveer un servicio deficiente a nuestros hijos, sino también se está vulnerando en nosotros los padres nuestro derecho constitucional de seleccionar la educación que consideramos más adecuada para ellos.

A pesar de que el 87, 5 % de los padres encuestados cree haber escogido una buena escuela para sus hijos, considera que el sistema escolar vigente no cubre los principales puntos educativos. Sólo el 31,3 % de las familias está conforme con la formación actual. Con lo cual no nos queda otra alternativa que terminar eligiendo aquella institución que nos parece menos mala. ¿O si?

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