¿Qué es realmente el unschooling?

Actualizado: jun 12

Solemos definir normalmente al unschooling en contraposición al homeschooling. Mientras este último se enfoca principalmente en la reproducción del sistema escolar en casa, como bien su nombre lo indica (Escuela en casa), adoptamos al unschooling (no escuela) como una práctica contraria.


Las familias unschoolers, en lugar de tomar como referencia la curricula oficial vigente, abordando los distintos contenidos que un niño debería de aprender a una edad asignada, suelen guíarse exclusivamente por los intereses del propio chico. Es decir que él aprende lo que quiere aprender, no por imposición sino por gusto.

Así, posicionándose en el extremo opuesto y anhelando que sus hijos se desarrollen con total independencia, los unschoolers dejan muchas veces al niño sólo; sin intervenir siquiera en la transmisión de determinadas normas de conducta o incluso ciertos valores morales. Pasan de un régimen de enseñanza impuesto y dirigido por el adulto, a una vida exenta de normas donde el niño es quien tiene el poder. Sin embargo, ¿es ese el verdadero significado de ésta opción educativa?


El unschooling es un término que estableció John Holt en la década de los setenta inspirado en el anuncio “there`s no cola like the uncola”.

A pesar de que muchos educadores a lo largo de estos cuatrocientos años de historia escolar se negaron a la institucionalización del aprendizaje, fue John Holt quien asignó el título de unschoolers a aquellos niños que no asistían a la escuela.


El homeschooling apareció después, intentando definir a aquellas familias que salían del sistema, pero que continuaban rigiéndose bajo sus mismos parámetros educativos.


No obstante, si bien el concepto de unschooling se opuso al régimen escolar, nunca representó un completo abandono del niño a sus propios intereses.


Libertad no es elegir lo que a uno se le antoja”, dice Jaime Barilko, “Ahí quizás comienza la libertad. Pero se realiza cuando eso que uno ha elegido lo carga sobre los hombros y dice es mío, yo me hago cargo de la carga, lo elijo antes de hacerlo y después de hacerlo. Puede el hombre, inclusive, reconocer que se ha equivocado, que obró mal, que hubo un error. Ése es el segundo momento, el de la responsabilidad y el de la rectificación, cualquier sea”.

¿Disponen los chicos de la madurez suficiente para hacerse responsables de ciertas decisiones? ¿Puede un niño hacerse cargo de tener la boca repleta de caries por permitir que él elija si desea lavarse los dientes o no?

Charlotte Mason sostenía que la “decisión es el esfuerzo más difícil de todos”. Los chicos deben aprender a cargar con la responsabilidad de sus actos, pero nosotros como adultos debemos acompañarlos y guiarlos en este proceso. No dejarlos a la deriva para que adquieran este conocimiento a costa de su propia salud.


El unschooling entonces no implica poner en manos del niño su propia educación, sino que se trata de preservar la comunión que existe entre el aprendizaje y la vida, sin encerrarlo en un establecimiento ni segmentarlo en asignaturas artificiales. Y para ello es esencial que los padres se involucren, facilitando experiencias y recursos que puedan enriquecer al niño. Desde esta perspectiva el aprendizaje puede estar en un paseo al aire libre, una visita a un museo, la lectura de un buen libro, un juego de mesa, un experimento, una película, un viaje, incluso una clase impartida por un profesor (como las que podemos encontrar en los talleres de música, de idiomas o de deportes).


El unschooling abarca también la transmisión respetuosa de ciertas costumbres, tradiciones y valores, porque justamente la educación es un proceso de adaptación al medio en el que vivimos y nos desarrollamos. Implica enseñar a nuestro hijo que si no desea saludar con un beso a una persona busque otros medios para hacerlo sin ser descortés; o intentar decir las cosas de buena manera porque de lo contrario resulta impertinente. Abarca explicarle que a veces también tiene que ceder ante los demás, y que imponer su voluntad siempre no es bueno; al mismo tiempo que ser solidarios y tener empatía con los otros son cualidades que nos transforman en mejores seres humanos y facilitan nuestra convivencia.


¡Un padre unschooler es por lo tanto un padre doblemente presente! No se sienta a hacer fichas y ejercicios con los niños, al menos no todos los días guiándose por los programas escolares, sino que ve el aprendizaje en todas las situaciones cotidianas, al mismo tiempo que se esfuerza por facilitar nuevas experiencias. Porque entiende que un niño adquiere el conocimiento de una manera activa y no pasiva. Un padre unschooler se ha despojado ya de la idea de que la enseñanza impuesta es el único método educativo, sin embargo no delega esta importante tarea a sus propios hijos limitándose a un aprendizaje totalmente autónomo y basado en sus deseos e intereses.


Es importante por ello no juzgar ni etiquetar sin conocer realmente lo que significan estos términos. Después de todo, si queremos salir del sistema escolar, lo mejor no es trasladar su misma metodología a casa a través del homeschooling, sino justamente encontrar el aprendizaje que ocurre en todo momento fuera de las currículas. Teniendo siempre presente que ningún extremo es bueno, y que ésta práctica no significa un abandono de nuestras tareas parentales para otorgarle cada vez más poder a un niño que aún no dispone del raciocinio ni la madurez suficiente para tomar determinadas decisiones. Acompañemos sin escuela, pero acompañemos. El unschool no es un "no padre" (unparents), o una "no educación" (uneducation), sino simplemente una "no escuela".



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